miércoles 7 de octubre de 2009

"Julieta", de Alberto Clavería

La ví
tan sola
allá en su
balcón,

mirando el fuego de
un candil
y esperando...
¡Vete tú a saber
qué esperaba!

A cada paso que se oía en la calle
daba un respingo
como pensando que
llegaba alguien,

luego ya veía que
no era nadie
y entrecerraba otra vez
los ojos.

Yo alcé el cuello
de la chaqueta
para protegerme del frío
y me fui,
quizás para siempre,

pensando que a veces
el número de Romeos
y el número de Julietas
simplemente
no concuerda.

Alberto Clavería

"Caballos en el océano", de Boris Slutski

Aunque no mucho ni muy lejos,
los caballos pueden nadar.
“Slava” –que en ruso quiere decir “Gloria”-
es un nombre difícil de olvidar.

Con tal nombre, un orgulloso barco
se internaba, atrevido, mar adentro.
En la bodega, mil caballos,
estremecido el inocente belfo,

piafaban noche y día: sus miles de herraduras
no traerían esa vez la suerte.
Cuando, muy lejos de la tierra,
la mina abrió en la quilla un gran boquete,

los hombres se subieron a los botes,
los caballos nadaron, simplemente.
No había sitio en las balsas ni en las lanchas:
tan sólo eso podía hacerse.

Como una isla rojiza flotaron en el agua,
una isla a la deriva sobre el mar. Al principio
parecía que el nadar era muy fácil,
creían que el océano era un río.

Pero ¿dónde estaban las márgenes del río?
Casi sin fuerza ya para nadar,
relincharon de pronto, contra aquellos
que los ahogaban en el mar.

Al fin se hundieron, salpicando
el aire de relinchos y de espuma.
Eso fue todo.

... Y mi tristeza
por ellos, los caballos que nunca
galoparán ya más sobre la tierra.

Boris Slutski

jueves 17 de septiembre de 2009

"La cruz", de Alberto Clavería

Nunca olvides que es siempre
la misma moneda
la que paga flores y luego
paga metralletas o
la que cae hoy cara
y mañana cruz,

la misma flor la que dice
lo siento
y la que provoca
alergia,

la misma tinta la que traza
lindas palabras de amor
y más tarde firma
declaraciones de guerra,

el mismo tiempo que
nos da la vida
y nos mata,

las mismas lágrimas
de risa
o de pena,

y la misma llamada de teléfono
que trae buenas noticias
o muy malas.

Pero lo único que siempre
es igual,
lo que nunca jamás
cambia

es la cruz
que uno arrastra en vida
y que finalmente
acaba decorando su tumba.


Alberto Clavería.

miércoles 16 de septiembre de 2009

"El nirvana (y tu kimono)", de Alberto Clavería

Me cambió el corazón de lado
con algo que fumé,

y las mañanas duran mucho mucho demasiado
si al arrimarme no tengo a quién,

y los mediodías me llegan tarde
queriendo saltar encima mío,

y hacia el anochecer tus abanicares
me hacen querer tirarme al río,

y el periódico se hace corto
de tanto incluir noticias malas,

y a veces el silencio se vuelve loco
porque me niega el nirvana,

y las estrellas se acercan un poquito
para que las acaricie entre mis dedos,

y el sol no sabe nada de abanicos
porque la luna le pasa el plumero,

y me siguen las miradas de las fotos,
como diciéndome “Así te habrías de ver”,

y se pierde entre la bruma tu kimono
mientras yo alargo la mano a través,

y los muros se derrumban cuando pasas a su lado
echando a volar tu falda,

y me vuelvo a casa derrotado
para encontrarme con fuego y lava,

y se oyen ruidos de fondo
cuando pienso en besarte,

y aún no afilo los versos del todo
porque podría dañarte,

y de cada botella que abro
sale el mal genio,

y si me ensucio me lavo
con el agua de un charco gélido,

y la vida ya no es vida
cuando empiezas a faltarme,

y yo mismo me pongo la puntilla
cada día a media tarde.


Alberto Clavería

martes 1 de septiembre de 2009

"Corazón", de David González

Si te acostumbras
como yo
a soñar solo
y a despertar solo
en el lado izquierdo
de tu lecho conyugal,

el lado del corazón,

has de entender
metértelo bien en la cabeza
que un día cualquiera
el menos pensado
ese corazón tuyo
del lado del cuál duermes
se transformará
al tacto
en la sábana
de otro extremo
de tu lecho conyugal:

una sábana fría
en la que no duerme nadie

ni siquiera tú.


David González

lunes 31 de agosto de 2009

"Tú y yo", de Alberto Clavería

Tú y yo nos hemos de encontrar en
los acantilados del fin del mundo,
allí donde las noches
vacían los vasos,
los pintores se rinden ante el lienzo en blanco
y los reyes abdican.

Tú y yo sabremos de todo lo malo,
de callejones sin farolas,
conoceremos el destino
aunque la brújula se haya perdido,

tú y yo viajaremos
-en lo que dura un pestañeo-
hasta el rincón de las cosas
que jamás quisieron ser halladas.

Tú y yo
aprenderemos a ser más que nadie,
a engañar al Tiempo
poniendo cara de buenos,

tú y yo nos entrelazaremos
para ponérselo difícil a La Parca,
y seremos un mismo ser
sin que nos importe la ríada,

tú y yo buscaremos rastros en el
amanecer, intentando encontrar en el firmamento
aquello que nunca tuvimos
entre las manos.

Pero lo más triste es que
tú y yo jamás de los jamases
lograremos mirarnos
a los ojos.


Alberto Clavería

"Poema Dos", de El Kebrantaversos

Se esconde entre las sombras
yo no le tengo miedo
él se ausenta en el día
y me obsequia en el silencio

se introduce tranquilo
en mi seso lo siento
y se muestra burlón
a la par que sincero
y me enseña el camino
que conduce al infierno

se desliza en mi sueño
aparece grotesco
y me reta a escribir
a romperme por dentro
y retando a la Luna

es el duende del verso.


Kebran

miércoles 26 de agosto de 2009

"Las burbujas", de Alberto Clavería

Mientras me dices que
ya no me quieres,
bajo la mirada y me fijo en
mi vaso de
Coca-cola,

tú vas hablando y yo
observo las burbujas fijamente
como queriendo meterme en el vaso con ellas:

algunas se quedan en la superfície,
otras saltan y se diluyen en el aire.

Tienen suerte, pienso,
ellas pueden escoger.

Me preguntas si te estoy escuchando y
te contesto

sí,
claro que sí.


Alberto Clavería

martes 25 de agosto de 2009

"Maol-Mhin", de Gustavo Caso Rosendi

Era terriblemente bello
mirar en pleno bombardeo
la suavidad con que caían
los copos de la nieve.

Gustavo Caso Rosendi

viernes 21 de agosto de 2009

"Lo decían Jack Kerouac y Thom Yorke", de Alberto Clavería

No es tan fácil como
sentarse a verlas venir, sabes?

Las palabras,
las letras,
desfilan siempre
ante tus morros
y puedes cazarlas o
no,

van muy rápido, eso sí,
pero es como con los trenes que pasan
a toda leche:
si te fijas en un vagón
ya eres capaz de verlos todos.

La cuestión no es
esperarlas.

Harías bien en quitarte la venda de los ojos
o en levantar la mirada,
ya lo decía Jack Kerouac:
siéntate ante el papel y
toma una bocanada de aire,
cuando la expulses ya deberías tener
un buen comienzo.

La inspiración existe pero
es esquiva,
y mientras no la tengas
puedes crear
igualmente,

también decía Thom Yorke que
las almas que flotan por el aire
(!)
nos susurran palabras al oído
continuamente,
solamente es cosa de saber escuchar.

Cuando estés en el andamio o
en el matadero o
en la puta calle

debes
aprovecharlo,

pon la oreja
y oriéntala bien
no hacia fuera
sino hacia
adentro,

anótalo todo en tu cabeza
y ponle luego los puntos y las comas,

así es como uno se siente a la vez
vivo y muerto,
fresco y podrido,

pero sobretodo, y esto ya lo sabían muchos
muchísimos
antes que tú,

sobretodo es así como los hombres
les ponemos caras a las calaveras.


Alberto Clavería.