miércoles, 16 de septiembre de 2009

"El nirvana (y tu kimono)", de Alberto Clavería

Me cambió el corazón de lado
con algo que fumé,

y las mañanas duran mucho mucho demasiado
si al arrimarme no tengo a quién,

y los mediodías me llegan tarde
queriendo saltar encima mío,

y hacia el anochecer tus abanicares
me hacen querer tirarme al río,

y el periódico se hace corto
de tanto incluir noticias malas,

y a veces el silencio se vuelve loco
porque me niega el nirvana,

y las estrellas se acercan un poquito
para que las acaricie entre mis dedos,

y el sol no sabe nada de abanicos
porque la luna le pasa el plumero,

y me siguen las miradas de las fotos,
como diciéndome “Así te habrías de ver”,

y se pierde entre la bruma tu kimono
mientras yo alargo la mano a través,

y los muros se derrumban cuando pasas a su lado
echando a volar tu falda,

y me vuelvo a casa derrotado
para encontrarme con fuego y lava,

y se oyen ruidos de fondo
cuando pienso en besarte,

y aún no afilo los versos del todo
porque podría dañarte,

y de cada botella que abro
sale el mal genio,

y si me ensucio me lavo
con el agua de un charco gélido,

y la vida ya no es vida
cuando empiezas a faltarme,

y yo mismo me pongo la puntilla
cada día a media tarde.


Alberto Clavería

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