lunes, 19 de enero de 2009

"Poema cinco", de El Kebrantaversos

En la tremenda noche sin luz
prólogo de mi letanía de ausencias
las mantas del desarraigo me cubren.
Camino al onírico paraíso, a bordo de mi camastro,
me sumerjo en océanos de lunas
y nada temo.
Se desvanece la vida.
Viajo
y subo y bajo por los sueños del poeta.
Elevo la mirada hacia el cielo de la noche
y verso.
Vero que te puedo acariciar,
que te robo una sonrisa,
que, ¿dónde vas?
Que tengo prisa
para el verso terminar.
Verso con la luz de tu mirada
y verso con el filo de tu boca,
verso con el alma ensangrentada
y verso, cada noche, si me toca.


El Kebrantaversos

lunes, 12 de enero de 2009

Agradecimientos, recomendación y un poema

Veo que en el blog Hankover han decidido publicar un poema que les envié hace unos días y que aún no había mostrado por aquí: Vino Blanco. Gracias a Patxi y a Vicente.

Aprovecho de paso para recomendar el poemario de Carlos Gutiérrez H. "La búsqueda indómita de la verdad", que tuvo a bien enviarme por e-mail. Podéis bajarlo desde aquí. Carlos tiene una manera de ver la vida desde un punto de vista totalmente ordenado dentro del caos que se complementa con una escritura de versos cortos, como una metralleta. El resultado final es una especie de rock industrial aplicado a la literatura. Encima, este poemario está concebido como un solo texto que fluye y fluye sin cesar. Os pongo un fragmento aquí y, si os gusta, lo bajáis y le dejáis algún comentario a Carlos en su blog:

(...)
Demasiada luz
para
mi intento
de concentración
oscura de beber
y vivir desdoblado
en aquel sábado,
juro y perjuro
que mi tiempo
y espacio
no iban con
mi conciencia
en esos instantes,
¿dónde estuve?
¿qué hice?
¿por qué no fui antes?,
mientras
sentía
mi vibración
constante
y para ellos etérea
y abstracta,
vamos como
si fuese mi placebo,
una forma barata,
y mientras
hablábamos
como
si fuésemos
a discutir
por el tema
de siempre,
pero ya te anticipo
que no
era como
siempre,
yo había cambiado
hace dos
meses,
mi visión era tan profunda
que casi
sangraba al hablar
y no poder
traer
las palabras
de aquellos
planos
a mi boca

(...)


Tengo la sensación de que Carlos y yo somos de la misma generación y compartimos muchos puntos de vista, cosa que me reconforta.

Saludos.

martes, 6 de enero de 2009

Dibujo + poema de Leticia Vera


Te sueño.
Te temo.
Te rezo.
Para mí
eres un dios
con zafiros rancios,
con perlas amarillas
de viejas ricas
que se meaban encima.
En la calle,
tu templo.
Encuentro papeles huérfanos,
sucios y solos.
Los violo con un bolígrafo,
tu nombre encima,
para que nunca olvides
el camino de vuelta.

Leticia Vera

martes, 30 de diciembre de 2008

"El portero vencido", de Alberto Clavería

Recuerdo aquella vez,
ese penoso enero,
en que empezó a llover a media tarde
y de madrugada solamente se veía una
cortina de cuentas mojadas
desde la ventana.

Abrí la puerta del balcón
y me senté bajo el alféizar,
algunas gotas rebotaban en las baldosas
y me daban
entre ceja y ceja,
era agradable.
Me amarré a un botellín de cerveza de importación y
dejé pasar el (mal) tiempo,
yo era como el portero vencido,
me habián regateado y el delantero se había plantado
a portería vacía dispuesto a marcar.

Al cabo de un rato,
se acabó el botellín y
aún no sé muy bien por qué,
lo dejé a la intemperie.
Cuando se llenó, cogí el agua de la lluvia y
me lavé la cara con ella.

Desde entonces,
desde aquella velada fría,
las noches en que lloro
siempre vienen nubladas y sé
que no estoy llorando solo.

Alberto Clavería

"La brasa rozando la palma de mi mano", de Alberto Clavería

Allá por 2006,
en un pasable otoño,
salíamos mi primo y yo
de una taberna
a altas horas de la madrugada,
cada uno más borracho que el otro,
y me contó una historia de su abuelo.

Él había luchado en la Guerra Civil,
en el bando nacional, para más señas,
y se había comido centenares de horas de guardia
allá en las trincheras del Bajo Aragón.
Solía explicar que una noche helada
se encendió un cigarrillo
y mientras lo fumaba tranquilamente
se oyó un disparo en la lejanía y
una bala se incrustó en la pared que había tras él,
a pocos centímetros de su oreja izquierda.

Desde entonces, aprendió a fumar
tapando la brasa del cigarrillo con la mano.

Y os parecerá una chorrada, pero aún ahora,
setenta años después,
me sorprendo a mí mismo
fumando con el cigarrillo vuelto del revés,
con la brasa rozando la palma de mi mano
por si acaso me
disparan.

Alberto Clavería

martes, 9 de diciembre de 2008

"Solamente he tratado de contar contigo", de Raúl Nuñez

Cuando no era más que un buscador confuso,
y salía a emborracharme con los perdedores,
y recorría los bares una y otra vez,
tratando de asegurar la próxima comida,
y tomaba a quien estuviera a mi lado,
sin preguntarme quién era o qué pensaba,
y me daba lo mismo meterme en una cama o en otra,
porque lo único que necesitaba era una entrada gratis,
y cuando la conseguía podía darlo todo,
porque no me habían pedido nada a cambio,
pude darme cuenta que sólo quien ofrece algo,
llega a recibir lo que espera.
Yo solamente he tratado de contar contigo.
Nunca he querido convencerte de nada,
ni llevarte hasta la ultima montaña,
ni convertirte en algo diferente a lo que eres,
pues creo que no debes necesitar sólo a quien buscas,
sino a quien te está buscando a ti.
Ahora todo se ha quedado dormido en el camino,
yo solamente he tratado de contar contigo,
y de conseguir una entrada gratis,
para no quedarme esta noche sin ti.


Raúl Nuñez

"Trovador fui, no sé quién soy", de Leopoldo María Panero


Sólo en la noche encuentro a mi amada
de noche, cuando más sólo
en el llano en que no hay nadie
sino una dama que aúlla
con la cabeza en la mano
sólo en la noche encuentro a mi amada
con la cabeza en la mano.

Le ofrezco como el incienso
que otros reyes la donaran
mis recuerdos en la mano
ella me tiende su cabeza
y luego, con la otra mano
lenta a la noche señala.

Solo en la noche, en la hora nona
salgo a buscar a mi amada
y en el llano como ciervos
corren veloces mis recuerdos.

Tuve la voz, trovador fui
hoy ya cantar no sé
trovador, no sé hoy quién soy
y en la noche oigo a un fantasma
a los muertos recitar mis versos.


Leopoldo María Panero

miércoles, 3 de diciembre de 2008

"Cada noche nos vemos las caritas", de Alberto Clavería

Uno de mis primeros recuerdos
es de la guardería,
esa guardería donde cada tarde
nos daban sobrasada
hasta que –supongo-
una madre jipi
se debió quejar y
desde ese momento solo nos daban zanahorias
(aún oigo perfectamente
cómo cortaban la zanahoria
a tiras).

Una tarde, en el patio exterior,
miábamos el cielo.
Lo surcaron
tres aviones de combate tres
dejando un reguero de humo y
le pregunté a un niño mayor si sabía
a dónde iban,
contestó que había una guerra
lejos, muy lejos
-primera Guerra del Golfo-.
Pensativo, le pregunté entonces
a qué venía esa guerra.
No me supo responder

Desde entonces,
cada noche
nos vemos las caritas
pero nunca he tenido cojones
a preguntarle a ella,
a la guerra,
lo que un niño le preguntó a otro.

Alberto Clavería

viernes, 28 de noviembre de 2008

Aún queda gente buena




Hace unas semanas recibí una carta certificada. Dentro estaba el libro del Kebrantaversos, “Satélite de inhóspito planeta”, un recopilatorio de relatos y poesías del Kebran, esto es, de Andrés Ramón Pérez Blanco. Recuerdo que lo agarré y lo metí en la bolsa, luego tomé el tren hacia la universidad y, una vez sentado, abrí el paquete y me puse a leer.

Cuando me quise dar cuenta, ya estaba en mi parada. Salí del vagón todavía con el libro entre las manos y fui al encuentro de un amigo, que me preguntó que qué coño hacía leyendo y caminando a la vez. Atónito, guardé de nuevo el libro en la mochila y le respondí que no lo sabía.

De noche, ya en casa, volví a sacarlo y entonces me di cuenta de que estaba dedicado. El Kebran me pedía que lo leyese con el mismo cariño con el que estaba hecho. Y vive Dios que lo hice.

Perdón por la tardanza, Kebran, no me la tengas en cuenta cuando nos crucemos. Y te debo por lo menos tres cañas. Cuando yo me decida a publicar algo, cuando tenga tus agallas, seguro serás el primero en recibir mi obra.

Alberto Clavería Baranda.

martes, 25 de noviembre de 2008

"Qué hace una mirada como tú en un sitio como este?", de Alberto Clavería

Las miradas que no se balancean de tus ojos
lanzan los puños que rompen los espejos
y se despiertan a mediodía
intentando no recordar a dónde fueron la noche anterior.
Luego beben e intentan olvidarlo todo.

Para media tarde ya se han ido de compras
y se prueban nuevos amores
(mientras tanto, las miradas que me corresponden a mí
esperan fuera
fumando un cigarro tan corto que
cuando se acaba
no pueden hacer otra cosa que encender otro).
Las miradas que no son para mí
se pasean escogiendo sin sentirse culpables,
pues cobraron ayer
y van a sacar la VISA de cariño a pasear.

Al llegar a casa, llaman a sus miradas amigas
y organizan una reunión de tuppersex.
Mis miradas traen canapés y vasitos
de moscatel,
ignorando lo que de todas formas
ya saben:

que si no pasaron antes por el mercado,
eso significa que tus miradas
se van a comer a las mías
a nada que se pasen un poquito con los chupitos.


Alberto Clavería