jueves, 23 de abril de 2009

"La dama de negro", de Alberto Clavería

Me escapé del tanatorio buscando el bar más cercano,
que resultó estar a la vuelta de la esquina.
Con manos temblorosas, compré un paquete de tabaco,
y mientras le quitaba el precinto
pedí un vaso de tinto.

Aquel bar estaba casi a oscuras aunque fuera mediodía,
sonaba Rosendo y
los taburetes eran cómodos.
Era un sitio muy agradable.

Entró una mujer, dejó el bolso sobre la barra
y tomó asiento a mi lado.
Cuando llegó su vaso de vino blanco,
se lo bebió de un trago y a continuación
pidió otro.

La miré, aprovechando que ella giraba su cara
hacia la puerta,
y comprobé lo que de todas formas ya sabía,
que iba completamente vestida de negro.

Como yo.


Alberto Clavería

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